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¿ES CIERTO QUE EN UNAS LENGUAS SE HABLA MÁS RÁPIDO QUE EN OTRAS?

¿ES CIERTO QUE EN UNAS LENGUAS SE HABLA MÁS RÁPIDO QUE EN OTRAS?

Todas las personas han podido experimentar, en algún momento de sus vidas, una cierta sensación que podría estimarse un tanto peculiar: al escuchar hablar a una o más personas, que se comunican en lenguas diferentes, puede producirse la impresión de que en algunos idiomas se habla más rápido que en otros. Varios investigadores han procurado descubrir si este hecho puede ser cierto o, en su defecto, el por qué se ocasiona esta curiosa percepción.

La duda acerca de este asunto desembocó, a lo largo del año 2011, en la elaboración de un estudio por parte de la Universidad de Lyon (Francia). Los responsables de esta investigación fueron tres expertos de la lengua, cuyos nombres son François Pellegrino, Christophe Coupé    y Egidio Marsico, que utilizaron como herramienta veinte textos escritos en inglés británico. Cada uno de los textos llegó a ser traducido, durante el desarrollo de la investigación, a una cuantía total de siete lenguajes: francés, alemán, italiano, español, japonés y chino mandarín.

La finalidad principal de este estudio radicó, fundamentalmente, en la pretensión de aportar un encuadre a las “densidades de información” que podrían poseer los ocho idiomas citados: así esta delimitación podría resolver si es posible que existan dos grupos de lenguas según la cantidad de información que transmiten y, al mismo tiempo, serviría para especificar si cada uno de los lenguajes podría contar con emisiones silábicas desemejantes.                              

 

Los dos grupos de idiomas, a los que se hizo referencia en el análisis, estaban vinculados a otras dos denominaciones muy bien diferenciadas: lenguas “informacionalmente densas”,      que podrían expresar una determinada cantidad de información mediante la intervención      de escasos elementos lingüísticos, o lenguajes “informacionalmente ligeros” que revelarían     la misma cantidad de información a través de un mayor número de elementos lingüísticos.

 

Las conclusiones de este análisis terminaron siendo muy determinantes: las lenguas que se transmiten con mayor rapidez son las menos densas en información y, por el contrario, los idiomas que se pronuncian más lentamente encierran mayor densidad de información. De    los ocho lenguajes que fueron analizados, el idioma que se articula con mayor tranquilidad resultó ser el chino mandarín.

 

Estos resultados revelaron una costumbre que, hasta el momento, se mostraba oculta con respecto al ámbito de las lenguas: la inclinación de las mismas a modular su tasa de emisión  de información. No obstante, ¿cuál podría ser el fundamento de esta peculiar tendencia? La explicación a esta interesante cuestión podría presentarse muy sencilla: todos los idiomas deben preservar una transmisión informativa que pueda asegurar la comunicación eficaz.

 

 

 

 

 

 

Written by norak